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Pensando en Ana Curra, la pandemia y su estremecedor single «Hiel»

Conocí a Ana Curra hace tres o cuatro años, en un «bolo poético» en el que coincidimos. Ella era la estrella y yo uno de sus humildes teloneros. Habíamos hablado por redes sociales algunas veces y me saludó con dos besos y un abrazo. Recordaba hasta mi nombre.

Ese momento me provocó una extraña sensación de irrealidad, que no se molesten los religiosos, pero yo creo que fue algo así como ver a la Virgen. En unos minutos todo se empezó a normalizar y pude ver a la persona, fuera de esa especie de deidad, que mi condición de fan de Parálisis Permanente y Alaska y Los Pegamoides me había hecho ver.

Curra siempre pudo parecer que estaba en un segundo plano para los que veían las cosas desde la mirada de fan o del mero espectador medio. Era la otra chica de Pegamoides, o la novia de Eduardo Benavente en Parálisis. Tras la muerte del ídolo siniestro, sus Seres Vacíos, no destacaron demasiado más allá de lo alternativo y su carrera en solitario, con algunos buenos momentos, no despegó totalmente. Con todo, siempre estuvo en la música y al parecer tuvo sus luchas contra asuntos peligrosos sobreviviendo a todo.

Ahora que muchos coetáneos de movida están desaparecidos o acomodados, en la sombra o en posiciones discretas, se utilizan apelativos como «Su Siniestrísima» para rendirle una pleitesía que seguramente merece, pero que resulta tardía y que, creo humildemente, no necesita.

Aquella tarde-noche que nos conocimos abogábamos por la poesía desde un punto de vista cercano al punk, porque el evento en el que ambos participábamos, cada uno con los suyos, no era más que un intento noble de acercar una cultura que ahora se resiente, más que nunca, al publico que quisiera recibir nuestras palabras como rapsodas inexpertos y normalmente incomprendidos.

Su nuevo single «Hiel» vuelve a provocar ese ahogo, esa opresión que hemos vivido en muchos momentos desde que empezó esta pandemia, algunos demasiado. «Hiel» nos recuerda que la humanidad es mucho más vulnerable de lo cree, que la naturaleza siempre manda, que los muertos nunca vuelven y que reiniciar nuestro primario sistema, tal vez sea nuestra única salida.

La oscuridad de la canción es tan tremenda como su texto. Algún atisbo de dulce melancolía se diluye entre la espesa atmósfera producida por Ana junto a Óscar Moreno Gómez (alias ‘Ojo’). Barry Sage ha sido artífice de la masterización y de la fotografía y portada son responsables Alberto García Alix y Frederique Bangerter.

La Música y letra ha sido compuesta por ella misma que interpreta voz, piano y sintetizadores; Iñaki Rodríguez, guitarra y coros;  Pilar Román Romero al bajo y coros; e  Ivan Santana la batería y coros.

Es hora de reflexionar sobre lo sucedido, de pensar si lo ocurrido es un hecho fortuito o es la acumulación de despropósitos que el ser humano ha vertido contra su propio mundo.

Sí Ana, tal vez desde la perspectiva de las plantas, de todos los animales, de los ríos y mares, de las montañas y hasta del aire: el mayor virus del planeta seamos nosotros mismos.

Mientras tanto en Iberia, seguimos entre expectantes y hastiados, un patético «juego de tronos».