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Más sangre, dolor y muerte en “Dalek”: el último trabajo de Kill Bill G

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Cuando uno se enfrenta a la temible hoja en blanco, tiene que hacer un pequeño ejercicio de superación para vencer, una vez más, ese inmáculo fondo y encontrar, al menos algunas palabras, con sentido y credibilidad suficiente como para que alguien quiera volver a leerte. Pues bien, ese miedo se transforma en auténtico pavor cuando tienes que escribir sobre “Dalek”, la última pesadilla de Kill Bill G.

Este es un álbum que, para empezar, defiende este sustantivo al máximo, pues es una verdadera colección de canciones, un compendio de temas que te pueden horrorizar en todos los sentidos o atrapar directamente. Podríamos decir que el disco es largo, incluso eterno, que las letras rozan lo pueril, que si te despistas cambia la canción y te crees que estás en la misma, que resulta repetitivo o que las voces cantar, lo que se dice cantar, como que no.

Correcto. Si lo escuchas y piensas todo lo anterior estás más cerca de la verdad que nunca. Otra cosa muy diferente es que te hayas enterado un ápice de lo que esta banda quiere trasmitir en realidad.

Al igual que unos lúcidos Aviador Dro, Kill Bill G tiene una visión muy particular del mundo. Si el Aviador buscaba el sentido de las existencia en un mundo industrializado y deshumanizado dónde la máquina debía regir nuestras vidas, los que nos ocupan pretenden el imperio del terror para llegar a una especie de éxtasis colectivo, cercano al sadomasoquismo, donde el amor se confunde con el dolor y el placer con la muerte.

Todo esto significa que tienes que entrar irremediablemente en su universo para entender esas letras de voces intencionadamente fantasmales, que esa instrumentación EBM, que por momentos, puede recordarnos a lo mejor del techno valenciano de hace algunas décadas, al future pop o también, como no, al synthpop más oscuro o industrial, tienen todo el valor y sentido

Las cosas son como tienen que ser, coincidimos con la visión escéptica de la duración del álbum, pero tras habernos adentrado en su mundo, vemos grandes momentos como el contagioso y fácil estribillo, pero efectivo, de “Soldado Imperial” o la pasión arrebatadora y enferma de “Vestiré tu Piel”.

“Te mataré” no tiene desperdicio, pero “Lágrimas en la pared” y sobretodo “Vinieron de dentro de” nos parece de lo mejor que se puede oír en este género. Las colaboraciones del legendario Mario Gil y Sonia Electra, son bastante acertadas y el sonido general, bien apretado y realzado, es marca de la casa.

Con cierta inspiración dadaista y una actitud cercana a la misantropía. Kill Bill G no decepciona. No pueden hacerlo. Si así fuera, seguramente se auto-destruirían.

Olvidad lo políticamente correcto y disfrutad del mal sin más.

Sí sobrevivimos a este texto lo sabréis en breve, si no, ha sido un placer.

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After The Rain: Entre la luz y la oscuridad.

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Muchas y sugerentes sombras es lo que nos trae esta madrileña banda llamada After The Rain. Desde el puro synthpop de su magnífico adelanto, “Cosmic mission”, hasta la presentación de su primer álbum “Kings without a crown”.

El dúo se forma a finales de 2011 gracias al anuncio que Yun L. Díaz pone en una web musical y al que contesta el cantante José Ícaro. Ambos de sobrada experiencia en varios proyectos anteriores y colaboraciones con artistas como Sílica Gel o Azul y Negro.

Tras cumplir algunos compromisos se centran en la creación del álbum, donde caben influencias evidentes de Mesh (con los que han compartido escenario), Culture Kultüre, New Order, Assemblage 23, Depeche Mode e incluso los Paradise Lost de “Host”. Pero antes de publicar dicho álbum con el sello malagueño Amuza Producciones, tienen tiempo de participar en recopilatorios como “Little Book of horrors” o “Reconfigured” sobre la obra del músico Neosynth.

La grabación que nos ocupa empieza directamente con el citado adelanto para pasar a la primera sorpresa acto seguido. “Wir sind After The Rain” estalla como un cañón, no es lo que esperas y te deja pensando si vas a escuchar un disco tecnopop o uno de electrónica con aire experimental. No pasa nada, a sus influencias surgidas del future pop añadiríamos las del primer EBM, que a veces echamos de menos. Después nos tranquilizamos, todo sigue lo esperado de forma grata, con tiempos suaves hasta la explendida “Mirrored eyes”.

La segunda sorpresa es volver a oír, después de mucho tiempo, el ya lejano ritmo de un Casio VL-1 y no, no es una versión del “Da, Da, Da” del grupo alemán Trio,  es una trepidante canción titulada “The Target is you” que suma muchos puntos al álbum.

Añaden, como bonus traks, dos solventes remixes de Javi Grex y Cyborgdrive, que no deslucen, como ocurre otras veces, el concepto y calidad general del disco.

Entre la luz y la oscuridad, con mil sombras de varios matices, nos lleva este primer álbum de After The Rain, que aunque puede resultar algo espeso para algunos hacia su mitad, resulta totalmente recomendable para todos en general, en especial si eres seguidor del synthpop más centroeuropeo.

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