Fangoria y sus “Canciones para robots románticos” a la venta desde hoy

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De nuevo Alaska y Nacho Canut estrenando álbum. “Canciones para robots románticos” gustará a los fans y no debería molestar al resto, bastante correcto, a nuestro entender, para bien y para mal. Un disco que no va a sorprender demasiado, a pesar de la extraña pareja que coincide en la producción: Guille Milkyway, alma máter de La Casa Azul, y Jon Klein, guitarrista de Specimen o Siouxsie & The Banshees, entre otros.

La grata sorpresa, la encontramos esta vez, con la canción “Disco Sally”: dicha canción nos cuenta el desenlace de Sally Lippman, la célebre anciana que, quedándose viuda, vivió sus últimos años como una juerga constante en la mítica discoteca Studio 54 de Nueva York, donde encontró la muerte en la mismísima pista de baile.

Decimos sorpresa porque esperábamos una canción mucho más alegre, bailable y frívola y sin embargo resulta deliciosamente melancólica, una canción redonda, probablemente de lo mejor del disco a la primera escucha. El resto, aunque es de fácil digestión, hay que digerirlo con más tiempo, a excepción de las producciones “azuladas”.

Hay que destacar la elegancia de “Iluminados” y  ”Voluntad de resistir”, el halo de oscuridad en“La procesión va por dentro“, la deseada guitarra de “Larga vida y prosperidad”, la letra de “La nostalgia es una droga” o el magnífico “Delirio de un androide cardado” con esos coros bajos, casi fantasmales.

Criticar por criticar, podríamos decir que falta más presencia en las guitarras y sobra un poco de bacalao. Con todo, el álbum esta a la altura de lo esperado y, aunque el correcto single “Geometría polisentimental” destaca, más que nada, por su comercialidad, estamos seguros que algunas canciones se convertirán en clásicos. Tiempo al tiempo.

Referencias casuales (nadie sabía, obviamente, lo que iba a pasar cuando se grabó) a David Bowie más que nunca, con guiños explícitos a “Fashion”, “All the dudes” y al “Satellite of love” de Lou Reed, donde también participaba Bowie.

El diseño gráfico es, como tantas veces, de Juan Gatti, que en la carpeta interior ha intentado, con acierto, inspirarse en el estilo visual de Hipgnosis (colectivo de diseñadores gráficos, famosos por sus trabajos para grandes bandas del rock setentero como Pink Floyd o Led Zeppelin). La imagen de portada muestra una otoñal escena típica familiar americana de los sesenta, pero con un aspecto bastante deshumanizado. Una imagen de robots románticos.

Las letras de Nacho y Alaska siguen es su mundo habitual y paralelo, con sus eternas ambivalencias que acabarán atrapándonos una vez más sin poder evitarlo.

No olvidéis la “Fiesta en el infierno”.

 

“…alguien contó, que en Nueva York, Disco Sally ha dejado de bailar…”

 

 

 

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