Dorian y La velocidad del vacío.

Si hay una palabra que te viene a la mente al escuchar el nuevo disco de Dorian, esa es evolución. «La velocidad del vacío» experimenta un cambio evolutivo en la banda barcelonesa hacia nuevas puertas, que pueden gustar o no a sus seguidores, pero que no les dejará indiferentes. De un synthpop (aunque nunca se les catalogó con este término), pasado por el filtro electro pop del indie, pasan a una especie de pop oscuro, que mantiene en cierta medida lo electro, añadiendo muchos momentos heredados del post-punk y unas atmósferas que recuerdan a los temas más densos de The Cure o Echo and The bunnymen.

El single, «Los amigos que perdí», recuerda bastante, en esencia, a su anterior álbum: «La ciudad subterranea», pero el resto cabalga por nuevos horizontes de tiempos algo más lentos y menos electrónicos, con una producción muy elaborada y un concepto que en muchos casos roza lo anticomercial. Una intro, como de banda sonora, «Los placeres efímeros», ya nos advierte que lo que va a ocurrir, no es lo de siempre y que las grabaciones en México dirigidas por Phil Vinall, colaborador eventual de grupos como Placebo o Pulp, y uno de los productores fetiche de Luke Haines, han hecho un positivo efecto.

Gratas canciones como «Tristeza», referencias a Soda Stereo y sorpresas como «Arde sobre mojado», hacen de este álbum, un disco arriesgado que hay que tener muy en cuenta para este año y tal vez para siempre.

 

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