Opinión

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El T.O.C. & Roll de Exzéntrikos

Uno piensa que su grupo es underground, no tanto por su estilo de música, si no por la poca proyección de conciertos en lugares que no sean pequeños y de dudosa calidad sonora (con honrosas excepciones). Pues esto no es nada comparado con aquellos que apenan tienen sus canciones en una plataforma de Internet y aún invierten en la producción y fabricación de un cd que nunca se sabe muy bien como se va a vender ni donde.

Fuera de gigantes como YouTube o Spotify se podría decir que estos grupos prácticamente no existen, aquellos y aquellas que no veis más allá de dichas plataformas ¡No sabéis lo que os perdéis!

Yo he tenido la suerte de conocer a unos cuantos y uno de ellos son Exzéntrikos. Eclécticos podían haberse llamado también: una amalgama de estilos que van desde el punk hasta la dark wave, pasando por el glam-rock, horror punk, la new wave, post-punk o psychobilly, para acabar en un rock and roll con algún leve toque clásico que nos recuerda al espíritu de los primerísimos tiempos de «La Movida» (más bien pre-movida), cuando aún le quedaba algún toque macarrilla del «Rrollo» y también a las posteriores «Hornadas irritantes» o incluso al toque irónico de los Ilegales.

Una colección de canciones sin desperdicio, divertidas, irreverentes, sádicas, terroríficas, llenas de vida, muerte y pasiones desbordadas. También algo demenciales y desequilibradas. No en vano llaman a su peculiar estilo T.O.C. & Roll, utilizando las siglas del trastorno obsesivo compulsivo y expresando todo este galimatías con solvente soltura.

Salvo unos coros, algo desajustados, el disco entra muy fácilmente y el sonido es muy bueno para ser una grabación mayoritariamente orgánica y tan independiente. Las letras te atrapan en su historia y no te sueltan. La temática mejor que la descubráis en vuestra escucha porque hablar de ella sería un «spoiler» inaceptable.

En directo van sobrados de carisma, aunque da la sensación de que toda su labor escénica la has visto antes, sabes que, en el fondo, son teatralidades que echabas de menos. Yo, que he compartido escenario con ellos y los he visto alguna vez más, os puedo corroborar que valen la pena y que, te gusten o no, no te van a aburrir ni dejar indiferente.

De momento solo puedes escucharlos en su BandCamp, pero puedes conseguir un cd, que aconsejo absolutamente, poniéndote en contacto con la banda en las direcciones que os dejaré al final de la entrada.

No olvidéis este nombre: Exzéntrikos, e ir a verlos en vivo si tenéis la más mínima ocasión.

BANDCAMP: https://exzentrikos.bandcamp.com/

E-MAIL: exzentrikos@hotmail.com

FACEBOOK: https://www.facebook.com/EXZENTRIKOS

INSTAGRAM: https://www.instagram.com/exzentrikos/

La Leyenda de Héroes del Silencio continua (cavilando sobre uno de mis grupos favoritos)

Vaya por delante que yo era un fan de poster y camiseta y que lo sigo siendo aunque con la moderación que te da la edad. Lo soy también, en menor grado, pero casi igual, de Bunbury y por todo esto no creo que sea demasiado objetivo.

De repente, como cada cierto tiempo, los tenemos de nuevo en la palestra con lanzamientos ligados a su obra: libros como «Héroes de Leyenda» de Antonio Cardiel , El documental de Netflix «Héroes, Silencio y Rock & Roll», con su correspondiente nuevo doble recopilatorio homónimo que no aporta nada y una notable presencia en los medios que nos recuerdan la historia de una de las bandas ibéricas más importantes del pop y el rock en español.

Héroes del Silencio fueron odiados y amados, supieron crearse un culto alrededor de seguidores que nos sumergimos en su mundo, un poco al modo de secta comandada por el club de fans Las Líneas del Kaos.

Desde ese pop-rock dramático de tintes oscuros, con muy posibles influencias de David Bowie, The Cure, Peter Murphy. o U2 hasta el rock contundente, casi de estadio, con algunas canciones de hard-rock incluidas, pasaron cuatro álbumes de estudio y otros tres directos en vida del grupo. Por el medio, en su evolución, rozaron el rock gótico y el post-punk, o así lo pensábamos (escuchad «El cuadro II»), y nos recordaron también a bandas como The Mission o The Cult. Merchandising de todo tipo, decenas de cd’s piratas con conciertos o primeras maquetas, el éxito en otros países como Alemania y las crónicas de sus giras por Europa y Ámérica fueron dando forma a la leyenda.

Su primer álbum: «El Mar no cesa»(1988) que algunos tildaron de blando, ya de entrada por ser Gustavo Montesano, componente de Olé Olé, su productor, no era, a mi modo de ver, nada meloso, ni melifluo. Tal vez podría ser, para algunos, empalagoso por la opulencia de la voz de Enrique, que algunos llegaron a comparar con Raphael, los recargados arpegios de Juan Valdivia o la nítida pomposidad de la producción. Todo el sonido, en general, era más suave de lo que ellos eran en directo. Con todo, canciones como «Mar adentro», «Flor venenosa, «Hace tiempo» o la insigne «Héroe de Leyenda», que les sirvió como presentación en un maxi-single el año anterior, gozan de un nivel de originalidad y me atrevería a decir que de calidad poco habitual en tierras ibéricas. Con el paso del tiempo, sus aparentes defectos se convirtieron en virtudes, como la imponente base rítmica de Pedro Andreu y Joaquín Cardiel.

«Senderos de Traición»(1990) fue su punto culminante, un álbum, prácticamente perfecto, oscuro, pero asequible, críptico, pero atractivo. La prensa se empeñaba en intentar calificarlo: rock siniestro, rock gótico, post-punk, rock mesiánico, rock baturro, rock de los Monegros… Contaron esta vez con Phil Manzanera, guitarrista de Roxy Music, que los grabó tal como sonaban en directo, siendo uno de los mayores aciertos de la producción. Personalmente acabé cogiéndole manía a «Entre dos tierras», sonaba tanto en cualquier parte que, durante mucho tiempo puse él álbum desde la canción dos. Dicha segunda canción era «Maldito duende» y aunque estuvo cerca de cansarme no fue así. El resto me gustan igual que el primer día, salvo «Despertar» que en una época se me hacía pesada. Mis preferidas, ahora y siempre, «La Carta», «Malas intenciones» y «Decadencia» , aunque el resto las disfruto casi igual. A día de hoy me he reconciliado con la primera canción y siento la misma devoción por el disco que cuando lo compré a finales de 1990.

El barroco álbum «El Espíritu del Vino»(1993) hacía honor a uno de los temas más emblemáticos del mismo. Siguiendo la cita de Willian Blake: «El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría“ el disco inicia un cambio hacia diferentes direcciones que Manzanera intenta encaminar acabando en una obra difusa, recargada, extensa, pero que, a pequeñas dosis, funciona muy bien en la mayoría de los casos. La nuevas experiencias de los Héroes, como el viaje a la India, introducen nuevos instrumentos, pensamientos y puntos de vista distintos entre sus miembros. Aún así, el disco fue un éxito, realizando una «Gira del exceso», que se tomaron al pie de la letra, con la gran colaboración del guitarrista Alan Boguslavsky

En las canciones empiezan a introducir elementos del hard-rock setentero rozando el heavy en algunos momentos, pero también hay huecos para sonidos que nos recuerdan a su esencia como en «La sirena varada», «Tesoro» o la mayor parte de «La herida» exceptuando su adrenalínico final. Destaca como desenlace, el preciosismo de «La alacena», canción muy alejada del resto de su repertorio, con piano incluido, de la que oí y leí algunas críticas, pero que muchos agradecimos en su momento después de un álbum cargado de disparos en muchas direcciones.

En su cuarto y último álbum de estudio, «Avalancha»(1995), abandonan ya de forma casi total, su vertiente romántico-oscura convirtiéndose es una especie de dinosaurios del rock. No en vano dirige la producción de este trabajo, Bob Ezrin, responsable de producciones para, nada menos que, Alice Cooper, Kiss, Aerosmith o los mismísimos Pink Floyd.

Sin abandonar, especialmente Bunbury, su toque glamuroso, se embarcan en una mezcla de rock alternativo contemporáneo y hard rock setentero. Los riff de «Rueda Fortuna» o «Parasiempre» atestiguan esa cercanía al rock duro, al parecer más del gusto de Valdivia. Poco queda ya de los primeros héroes, de esa herencia, post-punk y algo siniestra, ni del rock gótico al que se acercaron y del que, al igual que muchas bandas del género nunca llegaron aceptar públicamente.

A pesar de todo sigue siendo un disco enorme, con canciones como «La chispa adecuada» «Deshacer el mundo» o «Iberia sumergida». Una de mis canciones preferidas y en la que yo noto más la presencia de productor de Pink Floyd es «La espuma de Venus» donde Juan se deja el alma y su guitarra trasmite un sentimiento sincero, muy lejos de los complejos arpegios atmosféricos y etéreos que le dieron a conocer, pero en consonancia con los mejores guitarristas de siempre.

Después de todo esto llego la debacle, su separación en 1996, nos dejó perplejos a muchos, aunque enseguida supimos que Enrique continuaba en solitario de forma casi inmediata, pero eso ya es otra historia.

Pensando en Ana Curra, la pandemia y su estremecedor single «Hiel»

Conocí a Ana Curra hace tres o cuatro años, en un «bolo poético» en el que coincidimos. Ella era la estrella y yo uno de sus humildes teloneros. Habíamos hablado por redes sociales algunas veces y me saludó con dos besos y un abrazo. Recordaba hasta mi nombre.

Ese momento me provocó una extraña sensación de irrealidad, que no se molesten los religiosos, pero yo creo que fue algo así como ver a la Virgen. En unos minutos todo se empezó a normalizar y pude ver a la persona, fuera de esa especie de deidad, que mi condición de fan de Parálisis Permanente y Alaska y Los Pegamoides me había hecho ver.

Curra siempre pudo parecer que estaba en un segundo plano para los que veían las cosas desde la mirada de fan o del mero espectador medio. Era la otra chica de Pegamoides, o la novia de Eduardo Benavente en Parálisis. Tras la muerte del ídolo siniestro, sus Seres Vacíos, no destacaron demasiado más allá de lo alternativo y su carrera en solitario, con algunos buenos momentos, no despegó totalmente. Con todo, siempre estuvo en la música y al parecer tuvo sus luchas contra asuntos peligrosos sobreviviendo a todo.

Ahora que muchos coetáneos de movida están desaparecidos o acomodados, en la sombra o en posiciones discretas, se utilizan apelativos como «Su Siniestrísima» para rendirle una pleitesía que seguramente merece, pero que resulta tardía y que, creo humildemente, no necesita.

Aquella tarde-noche que nos conocimos abogábamos por la poesía desde un punto de vista cercano al punk, porque el evento en el que ambos participábamos, cada uno con los suyos, no era más que un intento noble de acercar una cultura que ahora se resiente, más que nunca, al publico que quisiera recibir nuestras palabras como rapsodas inexpertos y normalmente incomprendidos.

Su nuevo single «Hiel» vuelve a provocar ese ahogo, esa opresión que hemos vivido en muchos momentos desde que empezó esta pandemia, algunos demasiado. «Hiel» nos recuerda que la humanidad es mucho más vulnerable de lo cree, que la naturaleza siempre manda, que los muertos nunca vuelven y que reiniciar nuestro primario sistema, tal vez sea nuestra única salida.

La oscuridad de la canción es tan tremenda como su texto. Algún atisbo de dulce melancolía se diluye entre la espesa atmósfera producida por Ana junto a Óscar Moreno Gómez (alias ‘Ojo’). Barry Sage ha sido artífice de la masterización y de la fotografía y portada son responsables Alberto García Alix y Frederique Bangerter.

La Música y letra ha sido compuesta por ella misma que interpreta voz, piano y sintetizadores; Iñaki Rodríguez, guitarra y coros;  Pilar Román Romero al bajo y coros; e  Ivan Santana la batería y coros.

Es hora de reflexionar sobre lo sucedido, de pensar si lo ocurrido es un hecho fortuito o es la acumulación de despropósitos que el ser humano ha vertido contra su propio mundo.

Sí Ana, tal vez desde la perspectiva de las plantas, de todos los animales, de los ríos y mares, de las montañas y hasta del aire: el mayor virus del planeta seamos nosotros mismos.

Mientras tanto en Iberia, seguimos entre expectantes y hastiados, un patético «juego de tronos».

El triunfo de Hasél

Me encantaría hablar de producciones discográficas, de giras y conciertos, me encantaría hablar de música sin más, pero a veces la realidad se impone.

El rapero Pablo Hasél ingresó en prisión condenado por delitos de enaltecimiento del terrorismo, injurias a la Corona y, ya de paso, a las instituciones del estado. Parece una noticia de un pasado que intentamos olvidar, pero no, es el año 2021 y está pasando ahora.

Las protestas en las calles se suceden, los agentes de distinto signo político opinan, casi siempre de forma torpe, los periodistas informan subjetivamente y los mortales caminamos por un mundo que ya no sabemos si es nuestro o de unos cuantos. Esos que nos mantienen girando a su alrededor como satélites de un planeta enfermo, no ya de Covid-19 a causa de esta brutal pandemia, si no de un cutrerío retrógrado y egoísta incapaz de tener el menor destello autocrítico.

El arte en cualquiera de sus formas siempre es un reflejo de la realidad. Sí, a veces también un ensueño del autor o un delirio de su imaginación, pero hasta la obra más abstracta o surrealista tiene origen en el mundo real. ¿Acaso no son los dulces sueños o las pesadillas una manifestación mental, muchas veces distorsionada, de dicha realidad?

El arte debe ser totalmente libre como forma de expresión. Cualquier tipo de reivindicación, social, de género o identidad sexual, por poner algún ejemplo, no debería ser necesaria, pero ciertamente lo es. Pocas cosas están tan ligadas al quehacer artístico que la vapuleada libertad de expresión. Si el artista no puede expresar de forma libre lo que intenta transmitir, por encima de ideologías, dogmas o credos, el arte, en si mismo, pierde toda su esencia y sentido.

Después, una vez expuesta dicha obra, entra el derecho que tenemos todos a seguirla, compartirla, disfrutarla o todo lo contrario. En este derecho estará el de los medios de difusión, especialmente privados, a vetar o no al artista según su criterio de igual forma que nosotros mismos somos seguidores de unos u otros.

No me veo capacitado para declarar legal o jurídicamente hasta que punto una creación artística puede ofender a un individuo o colectivo, pero en cualquier caso es una condena desmesurada, la pena de nueve meses de cárcel tan solo por unas palabras, que con razón o sin ella, no son más que la libre exteriorización de un creador.

Desde luego si pretendían acallar el mensaje de un rapero, en absoluto de audiencia mayoritaria, han conseguido todo lo contrario. El ahora cautivo, Pablo Hasél es conocido en todo el estado y sus palabras han trascendido notablemente.

Tal vez se pretendía un castigo ejemplar para proteger instituciones, que muchos creen caducas o simplemente se ha aplicado una ley que ya no debería existir, pero si el indulto no llega y no se modifica dicha ley, la imagen ante el mundo va a ser deplorable.

No soy nada afín a los modos y maneras de Hasél ni al comportamiento de algunos manifestantes. No es el hip hop el género que más controlo y no por ello voy a decir que no me gusta este estilo musical que ha ofrecido cosas muy interesantes porque mentiría, ni me voy alegrar de una condena a un artista, que no es de mi agrado, por los motivos que ha sido juzgado, porque me parecen injustos.

Esperemos que todas y todos aprendamos algo de todo esto, especialmente quienes legislan, ejecutan y juzgan.